Es una rica fuente de información etnográfica, histórica, lingüística y plástica. El texto consta de 84 páginas de papel europeo, cosidas por el lado izquierdo a la manera de un libro occidental, de 11 x 15 centímetros. Su estado de conservación es exce- lente, sin embargo, las hojas están muy resecas y son fácilmente quebradizas; el color del papel es beige y la pintura de las pictograffas, se ha pasado ligeramente en las páginas que quedan cara a cara. El encartonado en el que estaba empastado ha sido recientemente cambi- ado por pastas duras forradas de pergamino, se ata con unas tiras de gamuza. Sin importar el diminuto tamaño del libro -casi del tamañio de una servilleta de papel- el trazo es claro y firme. Del mismo modo, la pintura ha sido distribuida con precisión y los colores permanecen muy vivos. La glosa en náhuatl, de color sepia, es perfectamente legible y uniforme en todo el texto; con la misma caligraffa, el documento fue numer- ado con cifras arábigas en el ángulo superior derecho de todas sus folios rectos, mientras que el verso carece de paginación alguna. Ocasionalmente la glosa cambia la caligrafía, la tinta a color café obscuro y al idioma español, tal es el caso de los folios 03r y 38r. En el mar- gen izquierdo de esta hoja se encuentra impreso, en tinta morada, un sello ovalado, en dirección vertical, que dice: Collection E, Eug. GOUPIL à Paris. Ancienne Collection J.M.A.AUBIN.Dentro del sello se encuen- tran manuscritos: N' 35 y 36. El mismo sello aparece er el verso del folio 44, último del documento.Es un códice mixto porque ofrece información en idioma náhuatl en escritura tradicional indígena (glifos) y también en caracteres latinos. El lenguaje figurativo o pictográfico sigue la tradición indígena de escritura: contornos delineados en negro iluminados con coloresrojo, azul turquesa, verdeazul, verde, café y gris aplicados en técnica de aguada. Esta técnica permite realizar una mayor concentración de color en las partes centrales de algunos glifos, por ejemplo las tilmas o mantas y los tepetl o cerros, y matizando estos colores hacia la periferia interna dando un efecto de tridimensionalidad o volumen. También cuenta con espacios en los que deliberadamente se ha suspendido el color, es decir, hay una ausencia cromática, obviamente significativa; ejemplo de ello son algunos lados de los cuadretes cronológicos (f. 07v), personajes masculinos completos en posición horizontal (f. 06v); la cuerda anudada que ata los años (f. 07v y 11r); todos las mortajas reales y algunos glifos del movimiento en contexto de tierra (terremotos). Cada lámina tiene una combinación de la imagen azteca y los caracteres latinos que transcriben la lengua náhuatl. Aunque en general conserva la tradición de la escritura azteca prehispánica -tales como personajes y animales de perfil, objetos y plantas vistos en corte transversal; no hay línea de horizonte -pues: “el cielo está a espaldas del espectador”, como señala Galarza- también incorpora características propias de la plástica occidental como el sol del folio 03r que está personificado y viendo al frente.
A diferencia de la cronología tradicional puramente indígena donde los glifos de los años son iluminados de azul turquesa, como podemos apreciar en el Códice Mendocino, en este documento aparece un rasgo típicamente colonial, pues si bien éstos están indicados por los cuadretes cronológicos con cifras y nombres de años indígenas pintados en color azul turquesa a semejanza del marco, el fondo es rojo, muy semejante al Telleriano Remensis, por ejemplo. Consideramos que ambos colores -el azul y el rojo- son marcadores de temporalidad, el primero porque transcribe su propio nombre xihuitl, 'azul' que también significa 'año' a la vez que 'lo precioso'; el segundo, porque el rojo tlapalli, indica 'las cosas importantes' con lo que sugerimos las lecturas: 'los años preciosos' o 'los años importantes', respectiva o simultáneamente, si se piensa en que el discurso histórico selecciona solamente los sucesos relevantes.
El tlacuilo -escribano mesoamericano, literalmente el que escribe pintando, como ha señalado Galarza- plasmó una variedad en la disposición del espacio, alternando la escritura mesoamericana con la escritura silábica. Por ejemplo, la imagen se encuentra formando un marco, en la parte superior y/o en la inferior, sólo en el margen derecho, en el derecho y en el izquierdo, o bien, ocupando toda la hoja; la glosa en náhuatl puede estar entre dos bloques de pictografías, abajo y/o arriba de ellas, ocupando todo el folio, a la derecha, por párrafos espaciados y, en pocos casos, no aparece. Como hemos mencionado, éste es un códice mixto; por ello, para efectuar su lectura, deben separarse ambas paleografías: la escritura indígena (glifos) y la escritura por abecedario. A diferencia de otros textos donde el tlacuilo plasmó el lenguaje figurativo de manera autónoma y sobre ella un escribano español anotaba su interpretación de la imagen, en este códice glosa e imagen son indisociables para una lectura completa por estar manufacturado por un tlacuilo colonial que manejaba ambas convenciones de escritura. La organización espacial de la mayor parte de las láminas - de hecho las mismas hojas y la disposición de ellas obedecen a un concepto europeo de libro- tienen, en general, un sentido de lectura occidental: de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha; sin embargo, el sentido de lectura de los glifos varía siguiendo las oposiciones propias de la sintaxis de la imagen azteca codificada: contenido-recipiente, frente-fondo, grande-pequeño, interior-exterior, arriba-abajo, entre otras.
https://archive.org/details/codice-aubin/page/n3/mode/1up